jueves, 18 de diciembre de 2014

Sudáfrica Vol.IV ¡Voy en busca de un león!

DIA 5


¿Recordáis una canción de cuando éramos pequeños, que decía; Voy en busca de un león, tirititiri, cogeré el mas grande, no tengo miedo...?
Pues me levanté cantando esa canción, porque el único objetivo del día era ver leones. No nos gustaría por nada del mundo, dejar el Kruger sin ver uno.

Teníamos todo el día por delante, así que desayunamos con calma en la cafetería de Olifants. Fue el desayuno mas estresante-divertido de mi vida. Resulta que, por la terraza de la cafetería, pululan un montón de monos vervet, súper adictos al azúcar y a robar comida. Os podéis imaginar la situación ¿no? De repente ves que un mono salta a tu mesa y en menos de lo que canta un gallo se ha llevado tu croissant. Eso si no consigue robar un puñado de sobres de azúcar y subirse a la primera rama a devorarlos ¡Os prometo que los ojos se les salían de las órbitas!

Fuimos recoger a nuestro coche para empezar el día, que como veis aparcábamos al ladito de casa.



Me seguía hipnotizando el mirador de Olifants, esa inmensidad africana. Fue el que mas nos gustó de todo el parque.




Cómo uno no sabe cuando va a tener un buen día, esa mañana nos acercamos al panel de avistamientos. ¡Bien! Hay un círculo rojo, eso significa que ayer alguien ha visto un león. Ese será nuestro objetivo de hoy y como está bastante cerca del campamento, nos dedicaremos a rodearlo hasta que nos encontremos con el rey.

Fuimos por las pistas de tierra, por las de asfalto, y no veíamos nada. Es curioso como nos adaptamos a los sitios y en nuestro cuarto día en el Kruger, ver impalas, cebras y jirafas era ya tan natural para nosotros como respirar o pestañear, y ya no les hacíamos ni caso. Aunque a veces estaban tan cerca que aún se merecían una foto.


Por el norte del parque Kruger se pueden ver baobabs, un árbol típico africano. ¿Os acordáis de El Principito? Decía que es un árbol muy feo y que parece esté dado la vuelta, por lo que las raíces quedan al descubierto.  Cierto es que el tronco es muy ancho y robusto, pero qué queréis que os diga, me parece un árbol precioso. El árbol de los árboles, imaginaos qué no habrán visto estos pequeños que viven 1000 años.


Conduciendo, conduciendo llegamos a un vergel donde un montón de cebras e impalas, descansaban. Era como si el mundo no fuera con ellas. Era el cielo. Retozaban y comían. Era la casa de la pradera. Si los animales tienen un paraíso, este era ese lugar. 



Después de observar un poco, continuamos el camino. ¡Queremos ver un león!
Nos adentramos por un camino de tierra y al final de éste vimos unos búfalos ¡Genial! Eran muy graciosos, rumiaban y cuando escuchaban el sonido de la cámara al disparar, paraban y nos miraban fijamente.



Este avistamiento nos hizo recuperar la emoción y al llegar al campamento de Letaba, compramos unos sandwiches para comer en el coche mientras íbamos en busca del león.
El camino no fue nada productivo y ya en Olifants paramos a ver el panel de avistamientos, a ver si había algún nuevo aviso. ¡Sí, león entre Olifants y un cruce! ¡Allá vamos!


Hicimos el camino dos veces y a la segunda vuelta, sucedió (música celestial) tumbado y totalmente camuflado entre las hierbas asoma la cabeza de un león. Dios mío. 
Habíamos hecho este camino dos veces y  había pasado totalmente desapercibido, pero ahora, ahora era nuestro. Por fin la naturaleza nos regalaba la belleza y potencia de un león africano.

Los coches se empezaban a amontonar y Raúl y yo, orgullosos de nuestro buen ojo, les decíamos a todos dónde estaba el león. Teníais que ver las caras de la gente cuando oían "Lion".



Espera, espera, que junto al león ¡Hay una leona! (música celestial otra vez). Ésta sí que está bien camuflada. En estos momentos hubiera dado lo que fuera por tener unos prismáticos. Sí, fuimos al Kruger sin prismáticos, imperdonable.





Llevábamos ya una hora observándolos. Se dormían, se despertaban. El león quería mambo, la leona no. Se volvían a dormir. Así una y otra vez. 
Espera, espera, van hacia la carretera.





Ni cortos ni perezosos, se acoplaron en medio de la carretera. Éramos un montón de coches y ellos ni se inmutaban. Continuaban sus siestas alrededor nuestro. Observarlos era el mejor regalo que podíamos tener. Son maravillosos.

Estábamos a tres metros de dos leones salvajes y ellos estaban cómodos con nuestra presencia.
Me daba la impresión de que si bajaba del coche podría acercarme a ellos y acariciarlos tranquilamente, pero mejor no tentar a la suerte.



Los coches empezaban a impacientarse, sólo faltaban 30 minutos para el cierre de las puertas, llevábamos con los leones mas de dos horas, y podríamos habernos quedado otras dos, o dos días, o dos años. Aquello era impresionante.

El caso es que había que marcharse a los campamentos ya. Los coches maniobraban nerviosos, nosotros que estábamos en primera fila, teníamos que movernos para que los coches pudieran avanzar. Lentamente comenzamos a mover el coche y tuvimos que pasar a un metro de él. Encontrarte los ojos de un león africano chocando con los tuyos, es algo que no olvidaré. Podéis pensar que estoy loca, pero nos sostuvimos la mirada unos segundos y hubo conexión.


Creo que después de esto ya puedo morir. Un león me ha mirado a los ojos. 
A todos los que me preguntan el porqué de viajar. Por esto. No me puedo sentir mas llena, y no es comparable a nada. Son instantes, miradas, sonrisas (de animales o personas), que me llenan mas que nada que pueda poseer.

Era la última noche en el parque, hicimos nuestra ya habitual barbacoa, hoy tocó pollo. Estábamos felices, el atardecer en Olifants y el avistamiento del día nos hacía sentir Africa como algo que permanecerá para siempre. Una parte de nosotros.




jueves, 27 de noviembre de 2014

Viajando en blanco y negro: Lisboa.


Siguen las cadenas. Esta vez Olga de Charcotrip, Diana de Dianamiaus y Jordi de Milviatges, me propusieron publicar cinco fotos en blanco y negro. La verdad es que me gustó la idea, porque no soy mucho de quitar el color a las fotos, pero, reconozco que me ha gustado recopilar estas imágenes, y que el black and white me parece de lo mas romántico y nostálgico. ¿Será el otoño? No sé pero es como si al quitar el color las imágenes mostraran más.
Además es una fantástica idea para aliviar los días sin viajar, y conocer de la mano de los blogueros que se sumen a la iniciativa, nuevos destinos y maneras de ver las cosas. 
Lo que es seguro es que las fotos en blanco y negro no son simples capturas; son historias que dejan a la imaginación volar.

El tema que he elegido no es un tema; es una ciudad. Es mi ciudad. Lisboa. Puede parecer una osadía que la llame "mi ciudad", pero me siento tan a gusto caminando sobre sus adoquines, sus calles cuentan tanto, aún cuando no dicen nada. No hace falta, en cuanto puse un pie en Lisboa ya tenía saudade de ella.
Es una de esas ciudades con personalidad, no se parece a nada y a la vez todo es familiar.

Una ciudad encaramada entre siete colinas. Poetas y otros escritores la eligieron para pasar temporadas e inspirarse. Con sabor añejo, azulejos azules y tranvías ¿Puede haber algo que haga más romántica a una ciudad, que el tranvía?

En Lisboa se siente la época de los descubrimientos, es por eso que casi todos los viajeros quedamos atrapados en ella.
¿Y el idioma? ¿Puede algo sonar mejor que Lissshhboa? Los barrios de Lisboa tienen nombres tan prometedores como chiado, el barrio alto, alfama, belem...

Vamos a descubrir un poquito de mi Lisboa, a través de estas imágenes.

Aún queda en Lisboa, un oficio a punto de perderse. Limpiadores de zapatos charlan animadamente con sus clientes, mientras sacan brillo a ritmo con un baile de brazos. Comentan las noticias del día y ambos sonríen.
Pararse en una plaza de Lisboa y admirar estas escenas de la vida cotidiana es de las cosas que mas me gusta hacer en la ciudad.


Alfama es ese sitio en el que tiempo parece haberse detenido, el barrio sin duda mas auténtico de Lisboa.  Al subir las pronunciadas cuestas, se va descubriendo el encanto decadente, nostálgico, a otros tiempos, a buscar en el baúl de los recuerdos. Si se tiene suerte, la melancólica melodía de un fado, nos acompañará en el camino.


Lisboa, la callada, ella solo habla cuando sus palabras son mas bonitas que su silencio. Y si hay que romper el silencio de la ciudad, que sea con el ajetreo del mercado da ribeira.

Incendios y terremotos han devastado la bella ciudad. Testigo de ello, las ruinas del Convento do Carmo, siguen alzándose en el centro de Lisboa. Un lugar que impone, en el que de nuevo, reina el silencio.

En el diminuto bar A Ginjinha, se reúnen cada día los señores para, en diminutos vasos, (qué mas que vasos parecen dedales), degustar el licor de guinda y "Dar de beber á dor".



Es imposible no sentir morriña al hablar de Lisboa. Una capital que puede presumir de conservar sus raíces y costumbres intactas ante el paso del tiempo.
Espero que hayáis disfrutado de estas escenas, y si sentís saudade, la cura es un viaje a la capital lusa.

Os animo a hacer una recopilación de fotos en blanco y negro, bajo el tema que queráis, y viajemos a través de él. ¡Al acabar nos enlazamos!


BLOGGERS QUE FORMAN PARTE DEL RETO VIAJE EN BLANCO Y NEGRO:


RELATOS DE BLOGGERS  #postamigo


jueves, 20 de noviembre de 2014

Instantáneas desde Marruecos

Dos minutos. Es lo que tardé en quedar atrapada de Marruecos para siempre.

Siento predilección por los países árabes. Sin conocerlo, todo me es familiar; las calles estrechas de la medina, la llamada a la oración, el olor del té a la menta, los vendedores ávidos de hacer la primera venta para empezar el día... Es como si viera una película que conozco bien. Nunca antes había estado en Marruecos... pero ya conocía aquello. Es de estas veces en las que el destino ya te ha hecho sentir cosas, antes de ir.

Mi viaje a Marruecos duró sólo cuatro días. Cuatro días recorriendo en coche de alquiler Tánger, Asilah y Chefchauen. Cuatro días para empaparse de una cultura diferente a un paso de casa.

La oportunidad de llenarse de nuevos sabores, de colores y de nuevas experiencias. Costumbres y tradiciones están a la vuelta de la esquina.

Tuve muchas impresiones en Marruecos, no todas buenas. Nadie me habló de niños esnifando pegamento, ni de gente esperando que acabes tu comida, para llevarse tus sobras a la boca. Quizás por eso llegó al fondo de mi corazón. Lo que sé, es que quiero volver para que lenta e irremediablemente, me termine de enamorar.

Envuelta en todo lo que un nuevo país me ofrecía, me dejé llevar por sus calles azules, fotografié cada puerta y cada ventana, que me invitaban a soñar. Descubrí otra vez un mundo diferente, un mundo en el que la vida se vive en la calle, porque es eso lo que rebosa en las calles de Marruecos, vida.

Creo que este post no necesita mas palabras, así que aquí empieza un recorrido fotográfico a través de Tanger, Asilah y Chefchauen.  ¡A disfrutar!



Siempre hay lugar para un té. (Tánger)
Para todos los gustos. (Asilah)

Gatos morunos. (Tánger)

Esperando el momento del atardecer frente al puerto de Tánger

No hay puertas mas fotogénicas que las de Marruecos. (Asilah)


Daría lo que fuera, porque me vuelvas a mirar. (Asilah)


Esperando a la puerta de la medina. (Asilah)


¿Les pido jugar? (Asilah)

Cómo en la vida misma. (Asilah)

Embellecer las manos con henna. Para mí, un arte. (Asilah)

Arte en cada esquina. (Asilah)



No todo es fachada en Asilah.


Farolillos (Tánger)
Hilanderos. (Tánger)

Solo voy a caminar, al final llegaré a algún lado. (Playa Sidi Kacem)

Atardece en Ba Kacem (Playa Sidi Kacem)

¿Qué pasará detrás de esta puerta? (Chefchauen)
Protegida por una Hamsa. (Asilah)

Sin cobertura en las calles azules. (Chefchauen)


Tradición. (Chefchauen)

Marruecos guarda un tesoro. Una perla azul. Chefchauen.
Invita a soñar. (Chefchauen)

Llenarse de sabores.

Y de colores.


¿Vamos?  (Chefchauen)

¡Qué maravilloso brebaje! (Chefchauen)




Wadan´ (Tánger)
                                                                                                                                       Abril 2014.


¿Qué te ha parecido? ¿Piensas viajar a Marruecos? Cuéntalo en comentarios.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Sudáfrica vol.III Morning drive en el Kruger

DÍA 4  

Empiezo a pensar que dormir en el Kruger es una utopía. Otra noche sin pegar ojo. Al cansancio acumulado, se suma la emoción y los sonidos nocturnos. 

Dormir a escasos metros de la naturaleza salvaje implica que tus sentidos permanezcan despiertos. Aún por la noche, tu radar de captar cosas nuevas, no se apaga. Y menos cuando estás toda la noche oyendo el rugir de leones.

Estaba deseando que llegaran las 4:00 am para salir de la cama. 

Ayer por la tarde al llegar al campamento reservamos un morning drive, como se llaman en Kruger los safaris guiados. Lo bueno de estos, es que puedes recorrer el parque, antes o después de que se abran o cierren las puertas de los camps. Hay bastantes para elegir; de día, de noche, e incluso algún campamento ofrece los walking, salir andando por los bush para ver al rinoceronte negro.
En el mismo campamento hay una pizarra con todas las opciones, se reservan allí mismo en la recepción. El precio del morning drive es 240 ZAR.

Nos decidimos por el morning drive, porque saldríamos de noche e iría amaneciendo. A parte nos venía bien para disponer luego de todo el día para llegar a nuestro siguiente camp en la parte norte, Olifants.

Así que a la hora prevista y bien abrigados, nos presentamos en la recepción del campamento. A los pocos minutos llegó nuestra guía y nos anunció que éramos los únicos esa mañana. ¡Haríamos el safari para nosotros solos!
Nos dio las instrucciones y una linterna a cada uno para los avistamientos. 
Cuando nos preguntó que esperábamos encontrar, los dos respondimos que leones. Nos dijo que estaban muy cerca, y que, en ocasiones el sonido del león y del hipopótamo se confunden.

Empezamos el recorrido. Emoción absoluta cuando se abren las puertas del campamento, ir a cuerpo descubierto en completa oscuridad, con el foco en la mano, me hacía sentir expedicionaria total.

A los pocos metros de la puerta, nuestra guía y conductora pego un frenazo, ¡Había un hipopótamo en mitad de la carretera! 
Le alumbramos con el foco y el pobre salió corriendo toscamente. Los hipos son muy torpes en tierra, sin embargo en agua son ágiles y muy veloces. Resulta que por la noche, salen y caminan kilómetros en busca de comida. Cuando amanece vuelven al agua y pasan allí todo el día.

Continuamos. Empezaba a amanecer y el frío agudizaba.  Lo bueno de los game drive es que se meten por caminos por los que los coches no pueden. Nos adentrábamos en las profundidades del Kruger. Ya había amanecido y el cielo estaba gris.

Los caminos reservados no nos mostraban gran cosa, lo cual confirmaba lo que ayer dedujimos; los mejores avistamientos son en carreteras asfaltadas. 

Por fin encontramos una jirafa. Estuvimos largo rato a su lado. Este animal tiene muy mala calidad de vida. No es capaz de reclinarse por lo que no puede dormir tumbado y sus horas de sueño y descanso son escasas.  ¡Cómo las comprendía! Estos días yo tampoco podía dormir y mi descanso era mas bien escaso. Empecé a empatizar con ellas.

No vimos ningún animal nuevo, la verdad es que no tuvimos mucha suerte a pesar del esfuerzo de nuestra conductora. Hipos, jirafas, cebras, impalas, facóceros y algún elefante solitario. Aún así pude captar alguna imagen bonita.





Los elefantes suelen ir en manada, pero cuando ya son mayores la abandonan para ir por su cuenta. Son bastante peligrosos, no hay que acercarse a ellos demasiado y nunca hay que salir corriendo, pues irá detrás tuyo. Lo mejor es quedarse quieto, o a lo sumo meter la marcha atrás e ir abandonando super despacio la escena.



¿Os acordais de Timón y Pumba?




                           



Acabamos y nos dimos un homenaje desayunando en el Lower Sabie ¡Los desayunos son mortales! Nos supo a gloria.

El plan para hoy era llegar a Olifants, no teníamos prisa, pero decidimos ir por la carretera asfaltada H10. El día no se presentaba muy productivo, así que nos relajamos y fuimos parando donde podíamos a estirar las piernas y contemplar la sabana africana.

Aunque ligeramente el paisaje del Kruger, cambia según nos acercamos al norte. Mas vegetación y mas aves.




Hacia el medio día llegamos a Satara. Un poco desmotivados por la falta de avistamientos, comimos e hicimos uso de la piscina del camp. Algunos campamentos en Kruger tienen piscina, y algunas son para visitantes de día. Otras como esta, son solo para los que duermen allí, pero nos hicimos los valientes y nos colamos. No había nadie para controlar y nadie nos dijo nada. Nuestro plan de escape era "Ani lo iodeaaaa". Hacer que no hablamos inglés, vaya.

Agradecí mucho el baño, porque hoy estaba haciendo mucho calor. Y estaba aburrida de kilómetros y kilómetros sin ver nada.




Continuamos el camino a Olifants, con la misma suerte. No vimos nada.

 Al llegar al campamento, hicimos el chek in y fuimos directos al mirador. 

Es impresionante, es la viva esencia de belleza. Me quedé sin palabras. Ahí estaba ante mi, la magnitud de África.

Podría haberme quedado allí toda la vida.

Fuimos al hut, aquí teníamos aparcamiento al lado de la cabaña y baño privado. Por supuesto no faltaba la barbacoa o brai como le llaman por aquí. Esta noche haremos unas chuletas de Ñu o wildebest, con batatas y mazorcas de maíz. Le estamos cogiendo gustillo a esto del brai.


Salimos del camp para ver el atardecer. Nos costó encontrar un sitio para verlo decentemente, nos habíamos alejado bastante y tuvimos que ir un poco mas deprisa para que no nos cerraran las puertas de vuelta.
Por el camino se nos cruzó una hiena, pero no hay tiempo para fotos, que no llegamos.




Por los pelos llegamos y empezamos el ritual de la barbacoa; encender el carbón, irse a duchar, cervecita, balance del dia, expectativas para el día siguiente,...

Un momento, algo me impide disfrutar de este instante. Los del hut de al lado tienen música a todo trapo y la magia del momento se esfuma. Por favor en lugares así, no apetece escuchar música disco. No en África, no en ese momento. No si tienes vecinos a 3 metros.

La carne de ñu tardó mucho en hacerse y resultó ser demasiado dura y fibrosa para nuestros paladares no acostumbrados.

Despedimos el día. El Kruger es mágico y estoy muy feliz de estar aquí.

Puedes leer el día siguiente del viaje aquí